Este artículo pertenece a la guía de Budapest de Vivir Europa.
Budapest es una ciudad muy especial para mí, tanto como lo es el resto de Hungría, primer país de Vivir Europa. Aunque nunca viví en la capital (por si no lo sabes, pasé seis meses en Debrecen), sí que visité esta ciudad centroeuropea en muchas ocasiones, apreciándola más en cada visita, sintiéndome más en casa. Cuando decidí quedarme allí durante mi viaje a través de Europa en dirección a Tallin sabía que disfrutaría de mi estancia, pero no me esperaba hacerlo tanto de mi alojamiento: el Bohem Art Hotel.
La combinación de las palabras bohemia y arte en el nombre del Bohem Art Hotel evocan una idea que cuadra a la perfección con lo que es Budapest para mí, lo que imagino que la Budapest de cambio de siglo del XIX al XX ofrecía en cafés como el New York Cafe o el Centrál Kávéház.
Esta asociación no es casual, apenas entras en el Bohem Art Hotel a través del 35 de la calle Molnár, primera paralela al oeste de la comercial Váci utca entre los puentes de Elisabeth y de la Libertad; te das cuenta de que el arte, el arte local además, es el protagonista.
Y a mí me encantó, claro, que un edificio que fue en su día una fábrica de artículos de papelería ahora empapelase los muros de sus habitaciones con obras de autores contemporáneos húngaros o sus pasillos con inmensas reproducciones de fotografías antiguas en blanco y negro de Budapest en las que podemos ver la vida cotidiana de los húngaros en décadas anteriores del siglo XX. Unos pasillos que son un tremendo contraste con el colorido de recepción y cafetería.
En la planta baja, junto a la entrada, claro, se encuentra la recepción donde los sonrientes empleados del Bohem Art Hotel esperaban siempre una oportunidad de ayudar, el hotel abrió en 2010 y ya tiene un buen nombre entre los locales. El espacio adjunto hacía de sala de espera o de cafetería, según el momento y la utilidad que otros huéspedes quisiesen darle. Sensación de calidez gracias a la falta de luz y los colores de las paredes.
Me alojé durante tres días en la habitación 610, una de sus habitaciones superiores triples. Son un total de 60 las habitaciones del hotel, y son sus Hip Suites las más populares. La decoración de mi habitación, que contaba con una cama de matrimonio y otra individual, me ganó desde el primer momento. Combinaba los que son mis colores favoritos a la hora de decorar un lugar: blancos, negros y rojos. Sobre el cabezal, un fresco representando las iluminadas ventanas de un edificio durante la noche generaba un ambiente urbano en el amplio espacio de la habitación.
Si bien las zonas comunes del hotel carecen de suficiente luz natural, no sucede esto con las habitaciones del Bohem Art Hotel, iluminadas por el sol de enero durante buena parte del día. Junto a ellas sillones y una pequeña mesa en la que trabajar o preparar tu viaje a Budapest.
Continuando con la visita a mi habitación, recuerdo que me gustó mucho la integración de armario y minibar a los muros de la habitación, haciendo que estos “desapareciesen” al cerrarse. Sin duda, esto ayudaba a una sensación de amplitud que se agradece en hoteles de todo el mundo, y que continuaba en un cuarto de baño, bañera incluida, igualmente espacioso.
El desayuno se realiza en el patio interior del edificio, cubierto de cristales, y con luces de varios colores combinadas para dar un aspecto moderno y artístico al Bohem Art Hotel. Sobre uno de sus muros, una proyección de un reloj te marcará las horas. Un desayuno variado como en pocos hoteles de su categoría, hasta el punto de servirse champán. Zumo de naranja recién exprimido, café de calidad a pesar de salir de una máquina de las que parecen de oficina; selección de quesos, bollería, fruta y ensaladas en abundancia además de los elementos imprescindibles del desayuno inglés: huevos, bacon, alubias. Salmón y hasta pasteles. Si uno pudiese, cual camello o dromedario almacena agua, guardar en su cuerpo comida para consumir después, no se echaría en falta ningún elemento gastronómico durante el día.
Junto a la cafetería hay una zona con tres ordenadores, a lado de una expendedora de hielo, que te permiten conectarte a Internet si eres una de las pocas personas que no viaja con ningún tipo de dispositivo, ya sea teléfono móvil inteligente, tableta u ordenador. También allí tienes varios libros que leer en tu habitación.
El bar del hotel, en el mismo nivel que la recepción, está especialmente enfocado a los cócteles, con una variada oferta que puede apreciarse con mucha claridad gracias a su divertido menú. Un par de cócteles gratuitos acompañados de frutos secos y galletitas saladas fueron un gran aperitivo en una tarde/noche húngara.
Aunque la atmósfera del Bohem Art Hotel de Budapest quizás no tiene tanto de bohemio como su nombre indica, fue una muy buena experiencia hospedarme en él, y desde ya es uno de mis hoteles recomendados en Budapest. ¿Te apetece probarlo?


















