Este artículo pertenece a la guía de Valencia de Vivir Europa.
A pesar de ser un viajero perpetuo y de considerarme bastante crítico cuando de hablar de lo propio se trata, hay varias cosas de mi ciudad natal, Valencia, que me enorgullecen. Soy de los que han disfrutado toda la vida de las Fallas, aunque nunca pertenecí a ninguna asociación fallera. También me encantan el barrio del Carmen y el de Ruzafa. Pero quizás lo que más me gusta de Valencia son los Jardines del río Turia que atraviesan la ciudad.
Son muchas las ocasiones en las que mi madre me ha hablado de la gran riada del 14 de octubre de 1957. Ella tenía tan solo 9 años y vivía en el barrio del Carmen. Su casa, que se encontraba en el primer piso de un edificio que ya fue derrumbado, se inundó, y tuvo que subir a casa de los vecinos para evitar males mayores.
Sería la última de muchas veces que el río se inundaría, pues éste se desviaría por el sur de la ciudad y el cauce antiguo dejaría de suponer un riesgo. Dicen que la idea inicial era construir una autopista aprovechando el terreno que había quedado libre. Una suerte de tramo final de una carretera que llevaría a los madrileños desde la capital hasta la orilla del mar sin desvío alguno. Pero afortunadamente el pueblo valenciano se opuso a ello y para cuando yo comencé a ser consciente de mi entorno ya se habían inaugurado los primeros tramos del Jardín del Turia.
Desde entonces se ha sucedido la apertura de nuevos tramos, entre puentes, de los Jardines del río Turia. El más famoso de todos, sin duda, el que comenzó con L'Hemisfèric y ha terminado siendo la Ciudad de las Artes y las Ciencias. Un lugar que seguramente ha puesto a Valencia a la cabeza turística de España junto a Madrid y Barcelona y que ha propiciado que sea una de las ciudades mejores conectadas con el resto de la península. A Valencia se puede viajar en casi todos los transportes desde cualquier parte de España, incluso desde las islas, pues hay compañías, como Trasmediterranea, que ofrecen rutas desde las islas Baleares a Valencia.
Son tantos los usos que visitantes y habitantes de Valencia le dan a estos Jardines que solo enumerándolos podría llegar a aburrirte. Digamos que en pocas ocasiones el uso del término "pulmón de una ciudad" ha sido más justificado. Casi diría que los valencianos respiramos gracias a estos jardines, especialmente en las asfixiantes noches de verano en las que el cine al aire libre sofoca algo nuestros calores.
Da igual cuál sea tu deporte o afición, siempre que sea al aire libre podrás encontrar a un grupo de gente practicándolo. Desde correr e ir en bicicleta hasta practicar el Taichi, malabarismos, música o sencillamente leer bajo un árbol. En Valencia llueve demasiado poco como para que tengas que esperar tener suerte para poder disfrutar de los Jardines del río Turia.
Además de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, hay varios lugares fantásticos para una tarde en familia, o una velada íntima. El Bioparc del nuevo Parque de Cabecera, en el extremo oeste de los jardines; el Parque de Gulliver, en cuyos columpios los niños llevan rasgándose los pantalones más de veinte años -yo ya lo hice en su día o el Palau de la Música, quizás el mejor lugar para oír jazz en la ciudad.
No sé imaginarme Valencia sin los Jardines del río Turia, y ahora, como turista, cada vez que vuelvo a casa tengo que dedicar unas horas, o mejor dicho unos días, a deambular por ellos, recordando tiempos no muy lejanos en los que vivía a tan solo unos minutos andando de los jardines. Momentos que me sirvieron como fuente de ilusión, imaginación o incluso consuelo. Y es que los Jardines del Río Turia, el pulmón de Valencia, también son su corazón.







