Reconozco que soy una persona muy afortunada, pues el viaje es mi día a día, un día a día que no llega a ser monótono nunca, pero que solo en ciertas ocasiones supera las expectativas, pues no todo lugar y momento se puede disfrutar de igual manera. Hoy te hablo de un viaje que hice hace justo tres años, una ruta en coche por Andalucía que me marcó, me cambió y me enamoró.
En febrero de 2011 salí de Valencia con dos chicas del grupo de CouchSurfing de la ciudad con una idea clara: borrar de mi "debe" una buena parte de las ciudades y pueblos más famosos de Andalucía, una maravillosa comunidad autónoma de la que tan solo conocía Sevilla, donde viví dos meses.
Tras los cambios y quebraderos de cabeza típicos de una ruta en coche con un tiempo limitado, pues mis compañeras de viaje apenas disponían de una semana libre, la ruta quedó de la siguiente manera, haciendo una noche en el Cabo de Gata, dos en Granada, una en Cádiz, y dos en Sevilla.
Fuera se quedaban tres capitales de provincia: Huelva, Jaén y Málaga; además de ciudades como Jerez de la Frontera y algunos pueblos de renombre, pero siete días no podían dar de más, y reconozco que mi amor por Sevilla, la capital de Andalucía, hizo que prefiriese pasar dos noches allí para recordar viejos tiempos.
Primer día, camino a Andalucía desde Valencia
Con más retraso del que me hubiese gustado debido a que una de mis compañeras se dejó las llaves dentro de casa salimos de Valencia con destino a Andalucía. La idea era comer en Alicante y llegar a Almería no demasiado tarde, pero claro comimos casi a las cinco y para cuando llegamos al pequeño pueblo de Vera ya era noche cerrada.
Vera está unos 30 kilómetros al norte del Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar y allí nos hospedaron Lorenzo y María José, una pareja que por si sola ya hace que CouchSurfing merezca la pena. Si prefieres, en cambio la comodidad de alojarte en un hotel, tu mejor opción para esta primera noche es dormir en Almería
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Segundo día, Cabo de Gata, Almería y Granada
El segundo día decidimos madrugar mucho para poder ver tanto alguna de las playas del Cabo de Gata como algo de la ciudad de Almería antes de acudir a Granada, donde haríamos noche. Tras un fantástico desayuno que nuestros anfitriones nos habían preparado cruzamos en coche todo el Parque Natural, con una parada para el recuerdo en la Playa de los Muertos, un lugar que merece realmente su propio artículo y que me deslumbró.
Pasado ya el mediodía decidimos ponernos rumbo a la ciudad de Almería. No tendríamos mucho más que unas horas para ella, pero al menos podríamos recorrer el centro de la ciudad. De Almería me quedo sin duda con La Alcazaba. De hecho, reconozco que fue lo único que me dejó un buen sabor de boca, pero realmente se lo achaco a las escasas cinco horas que pasé en la ciudad.
De nuevo con la noche llegamos a casa de nuestro anfitrión en las afueras de Granada. Pronto podría por fin ver una de las ciudades que más ganas tenía de conocer y que, tras un paseo nocturno por el centro comenzaba a crecer en mí.
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Tercer día, Granada y su Alhambra
Dedicamos la mañana del tercer día a pasear por el centro de Granada, recorriendo sus calles me di cuenta en seguida de que estaba en una ciudad que querría volver a ver lo antes posible. Casi sin darme cuenta llegaron las 14:00 horas, el momento de apertura del turno de tarde de visita a la Alhambra. Lo vivido allí difícilmente puede ser explicado pero fácilmente puede ser comprendido por aquellos que también han pisado este lugar.
Ver atardecer sobre la Alhambra es fácilmente uno de los mejores recuerdos que tengo de todo el viaje, y las cuatro horas del turno de tarde se me hicieron realmente pocas. Ten en cuenta que debido a la corta duración de los días quizás es más conveniente visitar la Alhambra de mañana si viajas en invierno.
La noche fue el momento de ponerse al día con un amigo italiano, conocido en Noruega casi diez años antes y que casualmente estaba viviendo en Granada por aquel entonces. Todo esto en una genial tetería situada en una de las angostas calles del centro de la ciudad. Fue el pasar más tiempo con Matteo lo que me hizo decidirme por dormir en el Oasis Granada, por aquel entonces ya considerado uno de los mejores hostales de España.
Cuarto día, de Granada a Ronda y Cádiz
Otro de los lugares de Andalucía que ansiaba visitar era sin duda Ronda. Si has visto alguna foto de este pueblo malagueño sabes por qué, y si no has visto alguna aún no tienes más que terminar este párrafo, estoy convencido de que tú también añadirás este lugar a tu lista. Ronda no me defraudó y tan solo me molestó el tener que dejarla tan pronto, con la comida aún en la boca y con tanto aún por visitar allí.
Pero me esperaba Cádiz, de la cual no conocía mucho más que su sobrenombre de la Tacita de Plata. No guardaba grandes esperanzas de mi visita a este lugar, y claro, como tantas veces pasa, el lugar del que no esperas nada termina por darte mucho.
De la ciudad más antigua de Europa me gusta que se puede ver amanecer y atardecer sobre el mar sin salir de ella, y me gusta la imagen que dejan en el perfil de la ciudad todas las torres de los antiguos mercaderes de la ciudad. También me gusta su vida nocturna y por qué no decirlo me gusta que puso en mi vida a mi amigo Calixto, con el que acabo de recorrer las Abadías Trapenses de Bélgica en otro viaje en coche de ensueño.
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Quinto día, de vuelta a Sevilla
Salimos tarde de Cádiz, no me quería ir. Quería ver amanecer y atardecer una vez más sobre el mar. Pero la idea de volver a mi Sevilla, con un compañero más en el coche, hizo que por fin me arrancase. Tan buena fue la conexión con Calixto que éste se decidió unir a nuestro grupo, al fin y al cabo él era de Sevilla y tenía un piso allí, así que nos solucionaría la papeleta del alojamiento a cambio de risas, tapas y alguna que otra cerveza.
Y eso fue lo que me dio Sevilla a mi vuelta, como si nunca me hubiese ido. Paseando por el centro de la ciudad pronto fuimos saltando de bar en bar, cargando cada vez más equipaje, ése tipo de equipaje que se mide con la misma vara que la felicidad.
Sexto día, Sevilla, mucha Sevilla
El sexto día del viaje fue todo para Sevilla y lo dividí en dos partes. En la primera acompañé a mis chicas en una visita a la Plaza de España, plaza que en una conversación muy reciente nombré mi plaza favorita del mundo.
La segunda parte del día fue para mí solo. Me debía unos momentos de privacidad para reencontrarme con Triana, el barrio en el que pasé dos meses y que fácilmente podría ser mi barrio favorito del mundo. Algo de solecito en la Calle Betis, un salmorejo, un flamenquín. Y la Torre del Oro al otro lado del Guadalquivir.
Séptimo día, Córdoba y la maldita rueda
Se presentaba complicado el último día de viaje. El haber pasado dos noches en Sevilla nos había dejado solo un día para visitar Córdoba, Baeza y Úbeda. Aunque tenía clara la solución, forzar una noche más y llegar a Valencia no demasiado tarde el día siguiente.
Era el día de Andalucía, lo que hizo que las visitas en Córdoba fuesen gratuitas. Pero realmente daba igual, la Mezquita y el Alcázar de los Reyes Cristianos son dos de los mejores ejemplos arquitectónicos de toda la comunidad y seguramente de todo el país. El juego de los arcos bicolores de la mezquita es algo que no parece de este mundo.
Desafortunadamente a la salida de Córdoba llegaría el peor momento del viaje. Una de las ruedas nos falló, lo que unido a la festividad en Andalucía hizo que tuviésemos que dejar la comunidad y por tanto la posibilidad de visitar Úbeda y Baeza para otra ocasión. La rueda de repuesto no iba a aguantar muchos kilómetros y preferí la tranquilidad de reparar el entuerto antes de arriesgarme a hacer 300 kilómetros de noche y con una rueda temporal.
La conclusión es clara, aunque pensemos que nunca nos va a tocar, lo cierto es que asegurarse de que el coche está en perfecto estado antes realizar un viaje en coche es esencial. Controlar todos los líquidos, el estado de los neumáticos, y haber hecho todas las revisiones pertinentes evitará en gran medida las posibilidades de que tu viaje soñado termine desvaneciéndose en unos segundos.
Pero tú no eres yo, así que ahora que ya tienes la ruta, no te lo pienses. Si no conoces Andalucía estás perdiéndote uno de los lugares con más personalidad, belleza y alegría de toda España. ¡Y eso es imperdonable!
Nota: las fotografías de este artículo han sido usadas en Vivir Europa mediante la licencia Creative Commons y tomadas de las cuentas de flickr de sus respectivos autores.












